Infaltable complemento de las chacareras o de las zambas, el bombo es el rey de los asados. Su presencia le imprime vitalidad al canto y entusiasma a todos. Cuenta Carlos Valdez Toledo que muchas veces asistió a guitarreadas que languidecían en el sopor de la sobremesa, hasta que la llegada del bombisto renovó la alegría de inmediato.

"Con el primer repiqueteo cambia el ánimo de la gente, hacen palmas, cantan, quieren bailar. Todo es diferente cuando está el bombo", explicó el percusionista y artesano. En el pequeño taller de su casa se amontonan los tachos, los parches, los aros de madera, las tiras de cuero. Fabrica, repara, y además enseña a tocar. Es un referente de la percusión folclórica en nuestro medio y conduce el grupo Runa Bombo -de ocho integrantes- que interpreta temas de percusión pura.

La historia de Valdez Toledo muestra una gran capacidad para "reinventarse". Después de haber sido un exitoso gerente de ventas -con buenos ingresos- y haber fracasado luego en el negocio de la gastronomía, quedó sin recursos. Ni siquiera lograba conseguir empleo como vendedor, porque carecía de movilidad: había vendido sus dos autos. A los 52 años, en plena recesión de fines de los 90, todo era más difícil. Fue entonces que encontró una salida por medio de su pasión folclórica: desde muy joven tocaba el bombo y cantaba, pero además había aprendido a repararlo.

"Un día, cuando ya había renunciado a mi último empleo, vino un amigo y me pidió que le cambiara los dos parches de su bombo -recordó-. Le dije que sí, pero que le iba a cobrar porque estaba sin un peso. 'Bueno, por supuesto', me dice. El día que fue a retirarlo me trajo tres bombos más para arreglar. Se había puesto en campaña para conseguirme más trabajo".

Cuando comprobó que la fabricación de bombos podía significarle una salida laboral, Valdez fue a visitar a su amigo "El Indio Froilán" en Santiago del Estero. El célebre hacedor de bombos le reveló algunos secretos, otros no. Luego fue a ver a Obdulio Araujo, en La Banda, y a Carlos Gambarte, hasta que se sintió capacitado y comenzó a comprar los cilindros que se hacen en Santiago. "Allá, cavadores de bombos hay a montones. Cada pueblito (Beltrán, Forres, Fernández...) tiene cuatro o cinco", afirmó.

En detalle
A los cueros, de oveja y de cabra, los compra en Santa María. "No traigo de Santiago porque algunos de esos cueros vienen de zonas salinas y suenan muy agudo, como un tambor. Los cueros que suenan espectacular son los de potrillo (difícil de conseguir) y de suyo (nonato de la vaca). El sonido del cuero de oveja es grave, para la zamba, pero el de cabra suena más fuerte", ejemplificó.

Entre los mejores bombistos que escuchó últimamente, Valdez Toledo mencionó a Demi Carabajal y a César Elmo (acompaña a Raly Barrionuevo). Y como uno de los pioneros de la innovación percusiva en el folclore señaló a Domingo Cura y su "batería de parches", aunque aclaró que el Chango Farías Gómez ya había introducido la batería del jazz. Un elemento que hoy se continúa usando, con diversa eficacia. En su opinión, muchos bateristas folclóricos abusan del redoblante y del platillo, lo que -a su juicio- rompe la armonía y es de mal gusto.